Estoy viviendo el confinamiento un poco
triste porque no puedo ver a la gente que quiero. También lo estoy viviendo
feliz porque me ha dado tiempo a hacer cosas para las que nunca tengo tiempo y
porque estoy pasando muchísimo tiempo con mi padre.
Cuando salí por primera vez a la calle no
me emocioné mucho porque estoy en el pueblo y aquí tengo una finca con un jardín
y salgo bastante a menudo a jugar y a bailar.
Lo que he hecho para entretenerme ha sido
esto:
Pirograbar, dibujar, tornear, hacer una coreografía
de baile y cocinar.
Yo he echado mucho en falta a estas
personas: a mis abuelas, a mis compañeros de clase y a mis profesoras.
Me habría encantado ir de viaje a Pravia,
a Madrid, a Panticosa y a Islandia. Eran sitios a los que tenía previsto ir y este
dichoso virus ha hecho que no pueda.
He ayudado a mi padre en el taller a
muchas cosas diferentes porque me ha llamado y me gusta bastante ayudar. Una de
las cosas en las que le he ayudado ha sido a lijar madera y le he subido en la
carretilla elevadora.
Nunca había hecho una videoconferencia
con mis compañeros de clase, una redacción como esta para mis profesoras,
aprender sin ninguna explicación presencial o estar tanto tiempo con mi padre
porque normalmente trabaja fuera.
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